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Costes de emisión de CO₂ en la industria cerámica: la eficiencia productiva y reducción de carbono

El coste del CO₂ ya forma parte de la cuenta de resultados de la industria cerámica.

En 2024, el sector español fabricante de baldosas cerámicas registró una factura asociada a derechos de emisión cercana a los 37 millones de euros, un 211 % superior a la de 2023. El incremento no se produjo porque el precio medio del derecho de emisión hubiese aumentado —ASCER sitúa la media de 2024 en 65,29 €/t CO₂, un 22 % menos que el año anterior—, sino principalmente porque la asignación gratuita recibida por el sector descendió un 15 %, aumentando la cantidad de derechos que las empresas tuvieron que adquirir.

La presión continúa en 2026. Para el periodo febrero-julio de este año, la Comisión Europea situó el precio medio de los derechos de emisión en 74,66 €/t CO₂. Paralelamente, las asociaciones cerámicas europeas han intensificado sus advertencias sobre el impacto que la evolución del EU ETS puede tener en la competitividad del sector.

¿Cuánta energía, materiales y CO₂ incorporamos a una pieza antes de descubrir que existía una desviación que podía haberse detectado en una etapa anterior?

En un proceso intensivo en energía como el cerámico, reducir emisiones no depende únicamente de cambiar la fuente energética o instalar nuevos hornos.

También depende de aprovechar mejor cada unidad de energía que ya consume la planta. Y ahí la calidad, la productividad y el control en origen empiezan a formar parte de la misma conversación.

El EU ETS no es exactamente una “tasa sobre el CO₂”

Antes de analizar la relación entre productividad y emisiones conviene aclarar cómo funciona el sistema europeo.

El EU Emissions Trading System (EU ETS) es un sistema de comercio de derechos de emisión basado en el principio de cap and trade.

La Unión Europea establece un límite global de emisiones para las actividades incluidas en el sistema. Ese límite se expresa mediante derechos de emisión, y cada derecho permite cubrir una tonelada de CO₂ equivalente.

Las instalaciones sujetas al EU ETS deben monitorizar y verificar sus emisiones anualmente y entregar un número de derechos suficiente para cubrirlas. Parte de esos derechos puede recibirse mediante asignación gratuita, según las reglas aplicables, mientras que el resto debe adquirirse en el mercado. Los derechos también pueden comprarse, venderse o conservarse para usos posteriores dentro de las reglas del sistema.

Por tanto, desde un punto de vista técnico, no estamos ante una tasa fija que una empresa paga simplemente por emitir.

Estamos ante un mercado de carbono. Y esto introduce una consecuencia económica directa:

Cuantas más emisiones verificadas necesite cubrir una instalación y menor sea su asignación gratuita, mayor será su exposición al coste de los derechos de emisión.

La industria cerámica es especialmente sensible a este contexto por su elevada dependencia de procesos térmicos. Según Cerame-Unie, más de 1.200 instalaciones cerámicas europeas están cubiertas por el EU ETS. Aunque representan aproximadamente el 10 % de las instalaciones industriales incluidas en el sistema, generan alrededor del 1 % de sus emisiones industriales. La energía puede alcanzar hasta el 30 % de los costes productivos en determinados subsectores cerámicos.

Por qué existe tanta preocupación en el sector en 2026

La presión no procede únicamente del precio de mercado del CO₂.

También importa la cantidad de derechos gratuitos que recibe cada instalación.

En su informe sobre 2024, ASCER explica que la reducción de producción de ejercicios anteriores provocó una caída del 15 % de la asignación gratuita para el sector español. Esto incrementó la necesidad de comprar derechos hasta llevar la factura sectorial de CO₂ a aproximadamente 37 millones de euros.

En 2026, Cerame-Unie y la federación europea de fabricantes de baldosas (CET) han advertido del impacto de la actualización de los benchmarks del EU ETS. Según el sector, la metodología inicialmente considerada por la Comisión podía incrementar aproximadamente un 34 % los costes de carbono de los fabricantes europeos de baldosas. La industria ha reclamado una metodología específica que refleje mejor el potencial real de descarbonización del proceso cerámico. La asociación reclamó mantener los niveles de referencia de 2025 para evitar una presión adicional sobre los costes. Esta cifra representa la posición y estimación del sector, no debe interpretarse como una reducción definitiva aplicable de forma idéntica a todas las instalaciones cerámicas.

El marco regulatorio continúa, además, evolucionando.

El 17 de julio de 2026, la Comisión Europea presentó una propuesta de revisión específica del EU ETS orientada a compatibilizar el objetivo climático de 2040 con la competitividad industrial. Entre otros elementos, la propuesta contempla cambios relacionados con la asignación gratuita y con los incentivos a la descarbonización industrial.

Por tanto, el coste futuro del carbono dependerá de múltiples variables regulatorias y de mercado.

Pero hay una variable sobre la que la fábrica sí puede trabajar directamente: su eficiencia productiva.

La industria cerámica ya ha reducido significativamente sus emisiones específicas

Hablar de descarbonización no significa partir de cero.

La industria española de baldosas ha realizado durante décadas un importante esfuerzo de eficiencia energética.

Según ASCER, las emisiones específicas del sector se han reducido aproximadamente un 61 % desde 1980, pasando de 14,2 kg de CO₂ por m² a alrededor de 5,6 kg de CO₂ por m² en los últimos años.

El informe sectorial de 2024 muestra, además, hasta qué punto la energía térmica continúa siendo determinante: aproximadamente el 90 % de la energía consumida por la fabricación española de baldosas procede del gas, frente a un 10 % de electricidad. En ese ejercicio, el consumo de gas alcanzó unos 13 TWh.

Esta estructura energética explica por qué cualquier mejora en el aprovechamiento de la energía térmica tiene importancia económica y ambiental.

Pero también obliga a introducir un matiz fundamental.

¿Ser más productivos significa automáticamente emitir menos CO₂?

No necesariamente.

Y este matiz es importante para evitar una afirmación demasiado simplificada.

En un horno cerámico continuo existe un consumo energético asociado al mantenimiento de las condiciones térmicas del proceso. Retirar una única pieza potencialmente defectuosa antes del horno no significa que el consumo de gas del horno disminuya automáticamente en la energía exacta que habría requerido esa pieza.

Por eso no sería técnicamente riguroso afirmar:

“Cada baldosa detectada en crudo ahorra directamente X kg de CO₂.”

La relación no funciona así de forma inmediata.

Lo que sí puede ocurrir es diferente y mucho más relevante desde el punto de vista industrial.

Una mejora del control de proceso puede contribuir a:

  • Aumentar el porcentaje de producto conforme obtenido a partir de la misma producción, reduciendo así la intensidad de CO₂ por unidad vendible; y, cuando ese aumento de rendimiento permite fabricar menos producto bruto para conseguir una determinada cantidad de primera calidad, reducir también el consumo energético y las emisiones absolutas durante el periodo analizado.

Son dos efectos diferentes.

Y conviene medirlos por separado.

Primera consecuencia: reducir el CO₂ por metro cuadrado de primera calidad

Supongamos una planta que fabrica 100 unidades y obtiene 90 unidades conformes.

Si las emisiones del proceso se reparten únicamente entre esas 90 unidades válidas, cada una está soportando indirectamente una parte del CO₂ utilizado para fabricar también las diez unidades rechazadas.

Si, manteniendo unas condiciones productivas comparables, la fábrica consigue obtener 92 unidades conformes de esas mismas 100, el aprovechamiento del proceso mejora.

Incluso aunque las emisiones totales del periodo fueran prácticamente las mismas, habría más producto válido sobre el que repartirlas.

La intensidad específica de carbono sería menor.

Podemos expresarlo de forma sencilla:

Rendimiento de primera calidad

η = producción conforme / producción total

Intensidad de CO₂ sobre producto conforme

I CO₂ = emisiones verificadas / producción conforme

Si aumenta el rendimiento de primera calidad manteniendo constantes el resto de variables, disminuye la cantidad de CO₂ asociada a cada unidad válida.

Este indicador es especialmente útil porque refleja mejor la eficiencia real que dividir las emisiones únicamente entre toda la producción bruta, incluyendo piezas que terminarán siendo rechazadas.

Segunda consecuencia: necesitar menos producción bruta para obtener el mismo producto vendible

Existe un segundo efecto potencial.

Supongamos que una planta necesita entregar 1.000.000 m² de producto conforme.

Con un rendimiento del 90 %, debería fabricar aproximadamente: 1.111.111 m² brutos.

Si consigue aumentar el rendimiento hasta el 92 %, necesitaría aproximadamente: 1.086.957 m² brutos.

La diferencia es de unos: 24.155 m² de producción bruta.

Es decir, aproximadamente un 2,17 % menos de producción bruta para obtener el mismo millón de metros cuadrados conformes.

Este ejemplo es deliberadamente simplificado.

No significa que las emisiones vayan a reducirse exactamente un 2,17 %, porque el consumo energético no siempre escala linealmente con el volumen producido y existen cargas térmicas y consumos fijos.

Pero muestra correctamente el mecanismo económico:

Si una planta necesita procesar menos producto bruto para obtener la misma cantidad de producto vendible, existe potencial para reducir materia prima, energía, horas de operación y emisiones asociadas.

La reducción real debe comprobarse utilizando los consumos energéticos y emisiones verificadas de la propia instalación.

El rechazo final tiene una huella acumulada

El momento en el que detectamos una desviación también importa.

Esta diferencia entre detectar un problema antes o después del horno tiene también una dimensión económica. En nuestro análisis sobre control reactivo y preventivo y el ROI de reducir mermas antes del horno explicamos cómo el momento de detección condiciona el valor que ya se ha incorporado a la pieza.

Una pieza rechazada inmediatamente después del prensado no ha acumulado los mismos recursos que una pieza rechazada después de cocción, rectificado o clasificación.

A medida que la baldosa avanza por la línea se incorporan diferentes recursos y operaciones:

materia prima → prensado → secado → esmaltado y decoración → cocción → acabado → clasificación.

Si el problema se descubre al final, los recursos utilizados en las etapas anteriores ya no pueden recuperarse íntegramente.

Desde el punto de vista del CO₂, la cocción resulta especialmente relevante por su intensidad térmica.

Esto permite formular una pregunta distinta a la tradicional:

¿Podíamos conocer antes que el proceso estaba generando una condición que aumentaba el riesgo de rechazo posterior?

Ahí es donde el control en origen adquiere valor.

Muchas desviaciones que aparecen después pueden estar relacionadas con el estado de la pieza prensada

La pieza que entra al horno no parte de un estado neutro.

Para interpretar correctamente estas relaciones conviene conocer los principales defectos que pueden aparecer durante la fabricación de baldosas cerámicas y entender en qué etapas pueden comenzar a desarrollarse.

Durante la alimentación y el prensado pueden generarse heterogeneidades en la distribución de densidad, espesor y masa.

Entre sus posibles orígenes se encuentran diferencias de carga del molde, aire atrapado, determinadas condiciones de alimentación o una distribución no homogénea de la presión de prensado.

Estas heterogeneidades pueden condicionar el comportamiento posterior de la pieza.

Uno de los ejemplos más claros aparece en la relación entre densidad aparente y estabilidad dimensional, donde diferencias internas de compactación pueden contribuir a comportamientos distintos de contracción, calibre o planitud.

Cómo medir si una mejora de calidad está reduciendo realmente la intensidad de CO₂

Para evitar afirmaciones ambientales genéricas, la planta debería cuantificar el efecto.

Una evaluación básica puede partir de cuatro variables:

Variable Qué debemos medir
Producción bruta m² o toneladas procesadas
Producción conforme m² o toneladas de primera calidad
Consumo energético gas y electricidad durante el periodo comparable
Emisiones emisiones directas verificadas o calculadas mediante la metodología aplicable

A partir de ellas pueden construirse indicadores como:

Rendimiento

Producción conforme / Producción bruta

Consumo térmico específico bruto

kWh gas / m² producido

Consumo térmico por producto conforme

kWh gas / m² conforme

Emisiones específicas brutas

kg CO₂ / m² producido

Emisiones específicas sobre producto conforme

kg CO₂ / m² conforme

El último indicador resulta especialmente interesante para analizar el efecto de las mermas.

Una planta puede mejorar muy poco su consumo energético por metro cuadrado bruto y, sin embargo, mejorar significativamente el consumo y las emisiones por metro cuadrado vendible si consigue aumentar el porcentaje de primera calidad.

Para demostrar una reducción de CO₂ hay que comparar periodos equivalentes

También aquí existe un riesgo de interpretar mal los datos. No sería suficiente comparar:

“antes de Tekinn” frente a “después de Tekinn”, sin controlar otras variables.

Para atribuir correctamente una mejora deberían compararse, en la medida de lo posible, producciones equivalentes en: formato, composición, espesor, volumen productivo, curva de cocción, condiciones del horno y mix energético.

También conviene separar:

  • emisiones absolutas, expresadas en toneladas de CO₂;
  • emisiones específicas, expresadas por tonelada o metro cuadrado producido;
  • emisiones específicas por producto conforme, que introducen el rendimiento de calidad.

Las tres métricas responden preguntas diferentes.

Una planta podría reducir su intensidad de CO₂ y, al mismo tiempo, aumentar sus emisiones absolutas porque ha producido mucho más.

O podría mantener prácticamente estables sus emisiones totales y mejorar significativamente su huella por metro cuadrado de primera calidad. Sin esta distinción es fácil extraer conclusiones incorrectas.

Fuentes técnicas

  • European Commission — EU Emissions Trading System. Documentación oficial sobre el funcionamiento del EU ETS, el principio de cap and trade, la obligación de monitorizar y entregar derechos equivalentes a las emisiones y el funcionamiento de la asignación gratuita. La Comisión presentó además el 17 de julio de 2026 una nueva propuesta de revisión específica del sistema.
  • European Commission — Auctioning of allowances. Para el periodo febrero-julio de 2026, el indicador oficial publicado por la Comisión sitúa el precio medio de los derechos en 74,66 €/t CO₂.ASCER — Informe 2024 de producción, energía y CO₂. Recoge una factura sectorial de derechos de emisión cercana a 37 millones de euros en 2024, un incremento del 211 % respecto a 2023, una reducción del 15 % en la asignación gratuita y un precio medio del derecho de 65,29 €/t. También sitúa en aproximadamente 829 millones de euros la factura agregada de energía y CO₂ del sector español en ese ejercicio.
  • Cerame-Unie — Climate & Energy. La asociación europea señala que el EU ETS incluye más de 1.200 instalaciones cerámicas, alrededor del 10 % de las instalaciones cubiertas y aproximadamente el 1 % de las emisiones industriales del sistema.
  • Cerame-Unie — European Council conclusions on EU ETS and carbon costs, marzo de 2026. Documento que refleja la preocupación del sector por la evolución de los benchmarks y las asignaciones gratuitas para 2026-2030.
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